Alarma de especialistas: el “castigo temprano” y la falta de estructura amenazan el nuevo Régimen Penal Juvenil
La reciente entrada en vigencia de la ley que redujo la edad de imputabilidad a los 14 años encendió las alarmas en los sectores académicos y judiciales. Expertos en salud mental, neurociencia y derecho advirtieron que la aplicación de sanciones penales a edades tan tempranas no solo ignora la evidencia científica sobre el desarrollo cerebral, sino que amenaza con saturar un sistema provincial, como el de Entre Ríos, que carece de la infraestructura y el personal especializado necesario para afrontar este cambio.
El nuevo marco normativo, que permite juzgar a adolescentes de 14 y 15 años bajo un sistema que reemplaza al vigente desde 1980, fue presentado como una solución a la inseguridad. Sin embargo, desde el campo de la psicología y la neurociencia subrayaron que el cerebro adolescente se encuentra en una etapa de maduración incompleta. Las áreas encargadas del control de impulsos y la evaluación de consecuencias, situadas en la corteza prefrontal, son las últimas en desarrollarse, lo que genera una brecha crítica entre la intensidad emocional y la capacidad de autorregulación.
La psicóloga Karina Arbach, investigadora del Conicet, señaló que la privación de libertad debería ser un recurso de excepción absoluta. Según explicó, la intervención temprana con medidas punitivas severas puede interrumpir el proceso natural de “desistencia delictiva”, aquel fenómeno donde los jóvenes abandonan conductas antisociales al alcanzar la madurez. En este sentido, la implementación de la ley podría generar un efecto inverso al deseado, incrementando la reincidencia al insertar a menores en entornos de encierro hostiles.
Por su parte, especialistas en neuroeducación compararon el funcionamiento cerebral en esta etapa con un vehículo de gran potencia que carece de frenos eficientes. Advirtieron que someter a un joven a contextos carcelarios condiciona al cerebro a operar bajo un régimen de supervivencia y miedo, anulando la posibilidad de desarrollar empatía o procesos de reflexión profunda sobre sus actos.
Asimismo, se planteó que la discusión sobre la edad de imputabilidad omite las trayectorias de exclusión y violencia que atraviesan estos adolescentes. Muchos de los jóvenes que ingresan al sistema penal arrastran historias de abandono y falta de vínculos afectivos estables desde la primera infancia. En este escenario, el abogado Iparraguirre y otros referentes del sector coincidieron en que la nueva normativa solo profundizará el dolor y el castigo, sin atacar las causas de fondo. La falta de espacios adecuados y de equipos profesionales en territorio entrerriano para ejecutar este régimen juvenil añade una capa de incertidumbre y pesimismo sobre la viabilidad y los resultados de esta reforma.