Según el último relevamiento de la consultora privada Analytica, el costo del denominado “Changuito Federal” en Entre Ríos sufrió un nuevo incremento durante febrero, alcanzando la cifra de $849.377 para cubrir apenas una compra mensual de supermercado.
Pese a que el informe técnico ubicó la variación mensual en un 0,8%, esta cifra no logra ocultar la crítica realidad que enfrentan los hogares entrerrianos, donde la presión sobre los ingresos no da tregua. Los datos confirmaron que una familia tipo de clase media en la provincia necesitó destinar esa fortuna para adquirir una canasta representativa de alimentos y bebidas. Si bien el gasto se mantuvo por debajo de los extremos registrados en Santa Cruz —donde supera los $944.000—, la cifra en el territorio provincial resultó significativamente más costosa que en Misiones, donde el mismo carrito se obtuvo por casi $21.000 menos.
La escalada de precios golpeó con dureza en artículos esenciales que ya venían castigando el bolsillo. El aceite de girasol encadenó su segundo mes consecutivo de subas, mientras que el yogur bebible registró alzas de hasta el 6%. Otro golpe directo a la mesa familiar fue el de la docena de huevos, que rompió su estabilidad con un salto superior al 4%. En contrapartida, las mínimas bajas en la sal fina o el estancamiento en el precio de la suprema de pollo empaquetada no alcanzaron para compensar el deterioro general del poder de compra.
El impacto social de estos valores es profundo y dispar. Para una pareja que percibe dos salarios promedio del sector privado en la provincia, la compra de alimentos ya devoró el 27,2% de sus ingresos totales. Sin embargo, la vulnerabilidad se agravó entre los trabajadores del sector comercio: para este grupo, el mismo changuito consumió el 33,2% de la suma de dos sueldos promedio del gremio, dejando un margen cada vez más estrecho para otros gastos básicos como servicios, salud o vivienda.
El informe de Analytica, que relevó precios bajo modalidad online manteniendo estrictamente marcas y cantidades, reflejó una radiografía cruda del consumo de una familia de dos adultos y dos menores. Los números no hicieron más que ratificar la creciente dificultad de la clase media para sostener una alimentación básica sin comprometer seriamente su estabilidad financiera.
