El rector de la institución, Mauricio Ordóñez, explicó que la medida buscó que el dispositivo recupere su sentido de herramienta pedagógica y deje de representar un foco de distracción constante en el salón de clases.
El directivo destacó que la iniciativa pretendió priorizar la dimensión humana del aprendizaje, incentivando que los estudiantes conversen, se miren a los ojos y compartan con sus pares y docentes. Bajo la premisa de “habitar la escuela sin celular”, la propuesta fomentó una desconexión digital para fortalecer los vínculos personales. Si bien la normativa comenzó el año anterior con el ciclo básico, durante el presente ciclo lectivo 2026 se extendió a la totalidad de los cursos, incluyendo de cuarto a sexto año.
La problemática detectada en las aulas se vinculó directamente con dificultades en la atención, la concentración y la adquisición de conocimientos. Por este motivo, las autoridades dispusieron que los alumnos mantengan sus dispositivos guardados durante toda la jornada escolar, salvo en ocasiones puntuales donde un docente habilite su utilización para fines estrictamente educativos.
Respecto a la adaptación del alumnado, Ordóñez mencionó que, aunque existió una resistencia inicial propia de la edad, la comunicación de los motivos facilitó la transición. Asimismo, confirmó que las familias manifestaron un apoyo total a la decisión. Para resolver cuestiones operativas, como la compra de meriendas, la escuela ofreció alternativas que incluyeron el pago en efectivo, el uso de tarjetas físicas o canales de comunicación directa entre padres y el kiosco de la institución para realizar transferencias.
Finalmente, el rector aseguró que la valoración de los docentes resultó sumamente positiva desde el inicio de las clases. La dinámica escolar experimentó una transformación que favoreció la comunicación interna y mejoró sustancialmente los niveles de concentración en el aula, cumpliendo así con los objetivos planteados por la gestión directiva.
