Una guerra en la que (casi) todos pierden

El estratégico estrecho de Ormuz punto esencial del conflicto béico de Estados Unidos e Irán

Sergio Ferrari
A menos de tres meses de que Israel y Estados Unidos iniciaran la guerra
contra Irán y Líbano, se clarifica el efecto de esta: miles de víctimas directas e
indirectas e impactos negativos inmediatos y colaterales.

Los ataques de Israel en Líbano a partir del 28 de febrero ya han causado al menos
2.800 muertes y 8.700 heridos, número que sigue aumentando a pesar del alto al
fuego pactado en abril. Hacia fines de ese mes, la Fundación de los Mártires de Irán
reconocía casi 3.500 muertos como resultado de los bombardeos en su país. Por su
parte, un reciente análisis de la cadena informativa alemana Deutsche Welle calcula
que, hasta el momento, el conflicto ha generado gastos militares cercanos a los 30
mil millones de dólares y un lastre de infraestructuras destruidas, sin duda sumas
colosales para una eventual futura reconstrucción ( https://www.dw.com/es/china-insta-a-
pakist%C3%A1n-a-intensificar-su-mediaci%C3%B3n-en-oriente-medio/live-77127211 ).
Cereales por las nubes
El aumento del costo de los combustibles a nivel internacional, consecuencia del
control militarizado del Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del
petróleo y el gas mundial, repercute directamente en las economías de numerosas
naciones. Así lo demuestra el índice de precios de los alimentos básicos que la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
publica mensualmente. El de abril constata una tendencia ascendente con respecto
a marzo, en particular entre los del aceite vegetal, la carne y los cereales:
aproximadamente 1,6 %. Aunque no se trata de un incremento aislado, sino del
tercero en forma consecutiva. En comparación con los años anteriores, el costo de
los alimentos en abril se ubica un 2,0 % por encima del de abril de 2025, aunque es
menor que el de marzo de 2022, cuando estalló el conflicto bélico entre Rusia y
Ucrania.
El incremento en el precio de los cereales (salvo el sorgo y la cebada), es
preocupante. En el caso del trigo, un 0,8 %, consecuencia de la presión alcista por la
sequía sufrida en algunas zonas de Estados Unidos y una mayor probabilidad de
que las precipitaciones en Australia se sitúen por debajo de la media anual. Pero los
factores meteorológicos no lo explican todo, como bien lo señala la FAO. Estos
incrementos también se deben a “las previsiones de una reducción de las siembras
de trigo en 2026 [porque] los agricultores están optando por cultivos que requieren
menos fertilizantes”, que los mayores costos energéticos y las perturbaciones
relacionadas con el cierre efectivo del estrecho de Ormuz han encarecido
significativamente. Por su parte, el maíz aumentó 0,7%, y al igual que el trigo, no
solo por condiciones climáticas adversas en Brasil y Estados Unidos, sino también
por la fuerte demanda de etanol “en un contexto de encarecimiento” de los
combustibles crudos. En cuanto al arroz en todas sus variedades, el incremento fue
de 1,9 %.
Los aceites vegetales aumentaron 5,9 % con respecto a marzo, el nivel más elevado
desde julio de 2022, debido al alza de los precios de la palma, la soja, el girasol y la
colza. Y la carne, 1,2%, pero 6,4% más que en abril de 2025.

El precio de los productos lácteos y el azúcar, los otros dos rubros referenciales,
descendió en abril. Principalmente, debido a la disminución de las cotizaciones
internacionales de la mantequilla y el queso, aunque el precio de la leche entera en
polvo se mantuvo estable. Por otra parte, la caída del precio del azúcar se debió
principalmente a las expectativas de abundantes suministros en el mundo reforzadas
por la mejora de las perspectivas de producción, en particular en China y Tailandia.
Complementariamente, el inicio de la nueva cosecha en condiciones meteorológicas
favorables en el sur de Brasil contribuyó aún más al descenso general de los precios
internacionales de este producto.
En síntesis, los consumidores del mundo entero se confrontan con aumentos
considerables de productos esenciales como corolario directo de la guerra lanzada
en Medio Oriente.
Los pocos que ganan mucho
A pesar de la tendencia perdedora de la mayor parte de la población mundial,
existen empresas y sectores económicos que está obteniendo monumentales
provechos gracias a esta coyuntura tan conflictiva.
El descontrolado sube y baja del mercado energético desde que se le impuso el
doble tapón al Estrecho de Ormuz beneficia, en primer lugar y fundamentalmente, a
varias de las empresas de hidrocarburos más grandes del mundo. Entre ellas, como
señala un reciente análisis de la cadena británica BBC, las multinacionales europeas
con divisiones especializadas en la compra y la venta física del petróleo, así como
en operaciones bursátiles. Gracias a estas actividades, entre otras, han podido
aprovechar los brutales movimientos del mercado durante el primer trimestre del año
para incrementar astronómicamente sus ganancias.
Tal es el caso de la británica British Petroleum (BP), que más que duplicó sus
ingresos ese periodo, con ganancias de 3.200 millones de dólares. La Shell, de igual
bandera, también superó las expectativas de los analistas cuando reportó un
aumento de sus ingresos en el orden de los 6.920 millones de dólares. Por su parte,
los de la multinacional francesa TotalEnergies saltaron casi un tercio, con ganancias
de 5.400 millones de dólares ( https://www.bbc.com/mundo/articles/ce8p22g5918o ).
El sitio Web independiente Democracy Now retoma un reciente análisis del periódico
británico The Guardian que sostiene que las 100 principales empresas de petróleo y
gas del mundo –entre ellas, Saudi Aramco, Gazprom y ExxonMobil– obtuvieron más
de 30 millones de dólares por hora en concepto de ganancias extraordinarias
durante el primer mes de la guerra contra Irán. Si el precio del barril de petróleo
continúa promediando los 100 dólares, hacia fin de año estas empresas podrían
ganar, conjuntamente, 234.000 millones de dólares. Mientras tanto, “decenas de
países enfrentan déficits presupuestarios tras reducir los impuestos a los
combustibles con el fin de aliviar la situación de los consumidores”.
( https://www.democracynow.org/es/2026/4/16/titulares/the_guardian_top_oil_and_gas_companies_m
ade_30m_per_hour_in_windfall_profits_from_iran_war ).
El artículo de la BBC menciona otros tres sectores que se han beneficiado durante el
mismo periodo gracias a la guerra en el Medio Oriente: el bancario, el de la industria
armamentista y el de las energías renovables. A modo de ejemplo, la división bursátil
de JP Morgan registró entradas récord de 11.600 millones de dólares. Solo una vez
antes había ganado tanto en un solo trimestre. Y los seis bancos más poderosos de

Estados Unidos, conocidos como “Los Seis Grandes” (Bank of America, Morgan
Stanley, Citigroup, Goldman Sachs, Wells Fargo, además de JP Morgan), también
aumentaron sustancialmente sus ingresos. El sector bancario en su totalidad generó
ganancias en el orden de los 47.700 millones de dólares en este corto periodo.
Previsiones alarmantes
Proyecciones económicas muy variadas y de fuentes diversas prevén que en 2026
los precios de los productos básicos seguirán aumentando a pasos agigantados, lo
que impulsará la inflación y la deceleración del crecimiento. Tal es la tesis principal,
por ejemplo, de Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de
productos básicos), del Grupo Banco Mundial. En su último informe proyecta que
este año los precios de la energía aumentarán un 24%, alcanzando así su nivel más
alto desde el inicio del conflicto Rusia-Ucrania, debido a que “La guerra en Medio
Oriente está provocando una grave conmoción en los mercados mundiales de
productos básicos”. Y que los precios de los productos básicos aumentarán un 16%,
impulsados por “el vertiginoso incremento de los precios de la energía y los
fertilizantes, y por los máximos históricos que han alcanzado los precios de varios
metales clave”.
Con respecto a la crisis del petróleo, Commodity Markets Outlook señala que los
ataques a la infraestructura energética y las interrupciones del transporte marítimo
en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 35% del comercio mundial de
este producto, “han desencadenado la mayor crisis de suministro … hasta la fecha,
con una reducción inicial … de alrededor de 10 millones de barriles por día”. Y
precisa que, a mediados de abril, los precios del petróleo Brent ya se encontraban
un 50% por encima de los niveles registrados a principios de año. Finalmente,
pronostica que en 2026 alcanzará un promedio de 86 dólares el barril, un marcado
aumento con respecto a los 69 dólares en 2025. Siempre y cuando, advierte, “las
perturbaciones más agudas terminen en mayo” y el transporte marítimo a través del
estrecho de Ormuz retorne “gradualmente a los niveles anteriores a la guerra”.
Esta nueva guerra, al margen de su resultado final, ya contabiliza miles de millones
de perdedores y unos poquitos ganadores. Pierden los de abajo, a causa de los
bombardeos indiscriminados y al ver esfumarse más rápidamente sus ingresos
debido a los aumentos incontrolables de la canasta básica. Ganan los de siempre:
un grupo reducido y concentrado de multinacionales sin rostro humano, tan voraces
que lucran hasta con el mismo dolor ajeno.

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