15 abril, 2024

“Nacimos para sufrir, vamos a sufrir siempre… pero vale la pena. Amo a todos los argentinos. Los dejamos en la cima del Mundo. Ojalá todo el país esté tan feliz como nosotros. No lo puedo creer, pero somos justos campeones. No me lo olvido más de este día”, indicó Rodrigo De Paul, totalmente desencajado de felicidad y lágrimas, tras la finalización del infartante partido en el que Argentina se coronó Campeón del Mundo.

Cuánta razón tiene el motor de este seleccionado nacional conducido por los dos Lionel: el inconmensurable Messi (“Me faltaba esto y acá está”, dijo con simplicidad) y el gran estratega Scaloni, que junto a su encomiable cuerpo técnico pensó un duelo en el que todo salió casi a la perfección durante poco más de 70 minutos. Pero, como supo apuntar Carlos Bianchi hace más de dos décadas, el 2-0 es un resultado “chivo”.

Porque Argentina rezuma 2×4 y tras el 3-3 señalado por el demonio Mbappé a dos minutos del final del tiempo suplementario, los hinchas presentes en Qatar, los miles de argentinos desperdigados en todo el planeta y hasta los propios transpirados protagonistas que dejaron la piel en Lusail tal vez por lo bajo hayan musitado: “Buenos Aires, cuando lejos me vi, sólo hallaba consuelo en las notas de un tango dulzón que lloraba el bandoneón”.

“Hay que sufrir para poder gozar, somos justos ganadores. Para ser campeón hay que ganarle al último campeón y hoy lo hicimos”, concluyó De Paul, algo en lo que coincidió el defensor Nicolás Tagliafico, otro de gran tarea en el seleccionado argentino, quien tras ir en ventaja en dos oportunidades en la final del mundo ante Francia destacó con llamativo aplomo: “Si no se sufre, no vale. Y hoy había que sufrir un poco más”.

Sereno pese a las extraordinarias circunstancias, el lateral del Olympique de Lyon insistió: “Lo jugamos con mucha tranquilidad. A pesar de todo lo que se vio en este Mundial, llegamos con mucha tranquilidad. El primer tiempo fue muy bueno, en el segundo tuvimos algunos errores, pero lo sacamos adelante. Se lo dedico a todos los argentinos que bancaron”, concluyó uno de los puntales de la última línea, que ya se había destacado en la semifinal ante Croacia.

“Será difícil caer en lo que logramos, pero trabajamos muy duro”, dijo a su turno Leandro Paredes, quien entró desde el banco, no falló su ejecución en la serie de penales y tampoco olvidó a los compañeros que por distintas lesiones no pudieron estar entre los 26 convocados a esta Copa del Mundo: “Pensé en todo. En mi familia, en el camino recorrido, en los chicos que no estuvieron como Gio Lo Celso; estamos agradecidos. No hay palabras. Ni en el mejor sueño pensamos esto. Estamos felices y la gente también”, expresó el volante de la Juventus.

“No tiene precio ganar un Mundial con mi país. No voy a olvidar nunca más en mi vida este momento, porque además estoy con toda mi familia”, sintetizó con humildad Enzo Fernández, el mediocampista que hace dos años se asomaba en Defensa y Justicia, pero que a caballo de coraje y talento se ganó el puesto de titular en esta Selección y con apenas 21 años alzó su primera Copa del Mundo.

“Esto es increíble”, declaró por su parte el cordobés Paulo Dybala tras coronarse campeón del mundo. “Quiero agradecerle a la gente por todo este mes. Nos hicieron muy felices; el apoyo fue incondicional”, reflejó el jugador surgido en Instituto que entró para la serie de penales para convertir el suyo y sumar su aporte para que Argentina se coronase por tercera vez en su historia campeón mundial de fútbol, luego de los títulos alcanzados en 1978 como anfitrión y en México 1986, con Diego Armando Maradona como estandarte, un ausente más presente que nunca. “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste? ¿Dónde estaba el sol que no te vio?”

Y Emiliano “Dibu” Martínez, el arquero que fue otra vez héroe en el final de partido, relató con voz entrecortada que en los penales estuvo “tranquilo”. “Es un momento que siempre le tengo que dar a mis compañeros. No pude atajar los tres goles, pero después hice lo mío, lo que soñé. Se lo dedico a mi familia”, expresó el arquero del Aston Villa, quien recordó sus inicios: “Salí de un lugar muy humilde y me fui de muy chico a Inglaterra”.

“Si crucé por los caminos, como paria que el destino se empeñó en deshacer”, parecía resonar en los corazones desbocados de toda la Argentina por cómo se desarrolló el encuentro contra el durísimo seleccionado francés.

Pero entonces, después de largos 36 años, por fin la Selección tuvo premio y pudo gritar nuevamente campeón. “Una cosa que dijimos es que nuestro destino era sufrir. Otra vez la peleamos, nos empatan el partido, nos pusimos tres a dos y nos empatan… No pudo haber un Mundial que no haya soñado tanto como éste. No tengo palabras”.

Así es, “Dibu”. De eso se trata, Selección Argentina. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”.

 

 

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